sexta-feira, 30 de abril de 2021

LA EMERGENCIA SANITARIA Y EL PASAPORTE VERDE

La Agencia Europea de Medicamentos resolverá quien ingresa a Europa

fronteras, inseguridad, seguridad publica, pase verde, covid

Con el fin de brindar una mirada diferente a la información geral sobre la situación de pandemia en la región, y ante el deseo de devolver la movilidad de las personas a la normalidad, se ha iniciado una discusión que al principio podría ser una luz al final del túnel, y es la propuesta de un pasaporte o pase verde, que en principio debe tener validez científica, para que sus titulares estén protegidos de las enfermedades más comunes en los países de destino, y así, poder realizar las actividades a las que se mueven y evitar la sobrecarga de los servicios de salud.

Pero aquí surgen las primeros cuestionamientos a dicha propuesta: ¿cuál sería el impedimento para entrar a un país o evento, cuando el virus que provocó la pandemia ya ha estado presente en casi todo el mundo hace más de un año? ¿Por qué ese documento sería obligatorio cuando la mayoría de la población local ya está vacunada –según algunas autoridades- y solo el viajero que llega no lo está? ¿El no vacunado, representa en realidad un peligro para la salud suya o de la población local?

Es bueno señalar que Uruguay es un caso especial, no solo por su dimensión geográfica, sino también por su densidad poblacional; se logró vacunar en promedio al 1% de sus habitantes por día, lo que significa un 20% ya vacunado con la segunda dosis, aunque aun así, solo el 35% recibió solo la primera dosis, y más del 1% de los designados para recibir la vacuna de una marca específica han desistido, todo ello con una población de menos de 3,5 millones de habitantes y más de 2.5 millones de dosis adquiridas hasta el momento.

Ahora, para comprender mejor los hechos a nivel regional, es necesario tomar en cuenta una variable no menor, y me refiero a la cantidad de vacunas existentes y la densidad poblacional de los países, especialmente en la región del cono Sur, factor que varía bastante en los países grandes, donde la vacunación no supera el 15% de la población general, lo que conduce a una discriminación absurda con la mayoría que no puede o no quiere ser vacunada, sin olvidar que en ambos casos, Brasil y Argentina, las dificultades de gran parte de la población para acceder a la vacunación en estos países, se debe tanto a las distancias como a las características geográficas naturales, que son diferentes en cada región del continente.

Dado este escenario regional y las diecisiete (17) variedades de marcas de vacunas en el mercado de la industria farmacéutica, es difícil imaginar hoy la vigencia de un documento único, pasaporte verde o pase de salud migratorio internacional, que limite la movilidad solo a los viajantes inmunizados -que pueden trasladarse por turismo, por trabajo, por comercio, por necesidades familiares u otros motivos- ya que los Estados podrían estar agravando las dificultades migratorias, al tratar de manera diferente quién está vacunado y quién no, colocando a algunos sectores de la población en situación de mayor vulnerabilidad social, al dificultar aún más las ya complejas condición legal de los viajantes, pudiendo así los gobiernos, incluso, estar incurriendo en flagrantes violaciones de los derecho humano a la libre movilidad y migración de las personas. *(Art. 13 y 18 OACDH-ONU)

Incluso, aunque la comunidad europea diga que este pasaporte o pase no sería “una herramienta de discriminación”, que es solo será para informar a las autoridades, y que no será una oportunidad o licencia para espiar la vida privada de nadie -ya que los datos estarán protegidos-, porque además sería gratis; sin embargo, el mismo “solo se obtendrá con vacunas aprobadas por la Agencia Europea de Medicamentos”, tal como los han expresado las autoridades de la Unión Europea, lo que de hecho ya es discriminatorio y se transforma en una externalización de las fronteras, declinando en un agente externo, en este caso la Agencia Europea de Medicamentos, la potestad resolutoria de quien ingresa a un país o no.

 

“solo se obtendrá con vacunas aprobadas por la Agencia Europea de Medicamentos” ... una externalización de las fronteras, declinando en un agente externo, en este caso la AEM, la potestad resolutoria de quien ingresa a un país o no.

 

Si a todo esto, le agregamos además que mucha gente ya se salteó la filas corrompiendo autoridades, golpeó a otro e incluso fue a la cárcel por ese motivo, es bueno recordar que en la medida que se aumentan los requisitos para ingresar a un país y se suman dificultades en el acceso legal a un país, crecerá la inseguridad y surgirán los sistemas ilegales de trata de personas, en esas zonas grises, en la que se operarán organizaciones ilegales en las fronteras, tratando de facilitar el paso a aquellas personas que no tengan el referido requisito; habría que valorar entonces si todo esto es válido solo para saber si alguien está inmunizado o no.

Si bien es real que hoy día ésta no sería la única vacuna en el mundo requerida para ingresar a otros países, ya que para viajar a África, Australia, Japón y otros países del mundo, desde hace mucho tiempo, ya es necesario contar con ciertas vacunas -aunque en estos casos se trata teóricamente de una enfermedad y una sola vacuna es la aplicada-, sin embargo aquí tenemos una gran diversidad de vacunas para un solo virus y sus variables. No olvidemos además que en países como Alemania, Francia, Italia y España una determinada marca de vacunas no es aceptada y es aquí donde surgen más dudas: ¿cuál sería la decisión de las autoridades migratorias para un turista o viajero, que tiene el pasaporte verde emitido por su país de origen donde se vacunó con esa marca no aceptada? ¿se volverá a vacunar a la persona con la marca aceptada en el país de destino? ¿Es inútil la vacunación realizada en el país de origen? ¿Puede suceder lo mismo con una misma persona en todos los países a los que viaje y en donde no se reconocen la marca de vacuna aplicadas en el país que emitió el pasaporte o pase?

Surge así otra incógnita: ¿que ocurre -sintomáticamente hablando-, con las personas que acaban siendo sobreinmunizada? Porque estás vacunaciones siempre ocurre sin el análisis serológico previo, tanto en Uruguay como en el exterior, entonces: ¿podría esto ocasionar mayores daños físicos a los dosificados -sea porque ya posee su inmunidad natural activa o por la sobre carga inmune aplicada por la excesiva vacunación-, o alguien da garantías de que no ocurrirá nada grave con esas personas?

Sin dudas todavía hay mucho más incertidumbres que certezas, pero también se necesitará más información, información que no todos los países brindan a los ciudadanos, ya que muchos de ellos ignoran las condiciones óptimas necesarias para ser vacunados, desconocen los componentes biológicos de las vacunas y sus efectos o no saben si ya no portan el virus a la hora de ser vacunados. Quizás se deba a que los Estados y las propias farmacéuticas se desentienden y liberan de toda responsabilidad jurídica o penal, o quizas se debe a que los acuerdos secretos y reservados, entre los gobiernos y las industrias. La cuestión es que así están dejando a la población en desventaja y desprotegida, exigiendo el consentimiento informado y apelando a la libertad responsable de cada uno para vacunarse, cuando, como y con algo que no conocen.

Si no hay vacunas suficientes, si algunos ejerciendo el derecho sobre su cuerpo se niegan, y a otros se les dificulta saber cual marca inocularse, porque se apela a una “obediencia debida”, que ya no es aceptada ni por los Tribunales de Justicia militar o policial, para pretender imponerle a los ciudadanos la vacunación compulsiva, con que autoridad los Estados tratan a los ciudadanos como si fuera soldados o coboyos, cuando la gran mayoría de ellos no puede ser responsable de algo de lo que no está absolutamente consciente o preparado para comprender en todas sus dimensiones.

Richar Enry Ferreira

quarta-feira, 21 de abril de 2021

CIERRE DE FRONTERAS

¿De qué hablamos cuando decimos “que se cierren las fronteras”?


fronteras, sociedad, contrabando, quileros, seguridad, inseguridad
 Desde hace algunos días se viene escuchando, en diversas tiendas políticas, voces que piden el terminante cierre de fronteras para “frenar los  niveles de contagio”, como si poseyeran estudios científicos y/o fácticos que certificaran la influencia de dicha población flotante en la salud pública.

Para entender mejor la real dimensión del planteo, es necesario preguntarnos qué son las “fronteras” que se quieren cerrar, que función cumplen en nuestra vida cotidiana y cómo se implementaría dicho “cierre”, si es que eso es viable. Digo esto, porque sería muy irresponsable plantear una medida de tales características, si no se tiene conciencia cabal de sus efectos y consecuencias a corto, mediano y largo plazo, tanto a nivel económico, social, de seguridad como de salud humana.

Si las fronteras son “los territorios conformados en torno a los límites geográficos, determinados a través de accidentes geográficos o líneas imaginarias acordadas por los gobiernos de los Estados”, es evidente que desde ya no nos estamos refiriendo a puertas, como la de la Ciudadela, ni a acceso únicos y exclusivos por donde se puede evitar el traspaso de personas, bienes o servicio de forma sencilla. Pero es más grave aún ese planteo, ya que estigmatiza y castiga a los pobladores de dichas regiones, como si éstos fueran los culpables del mal que azota a la sociedad; quienes preconizan estas medidas, valiéndose de su idealismo mágico, creen poder exorcizar los males haciéndolos desaparecer, y con ellos frenar el avance invisible de un mal del que ni los capitalinos ni los fronterizos pueden estar a salvo, como si unos pudieran sobrevivir sin los otros.

Parecen no entender que por las fronteras ingresa gran parte de los que se consume en el país, y que sin esas aperturas fronterizas no sólo les sería difícil la vida a los propios fronterizos que aquí habitan –ya que familias se dividen vidas de un lado y otro, habitantes de un país se asisten en los centros médicos de un lado y otro, comercializan de un lado y otro-, sino que también se le haría la vida más difícil a esos otros que no viven en la frontera, pero que compran los vehículos importados, que comen de importados que entran por las fronteras, que se visten y medican con todo lo que por allí pasa.

Ni las dictaduras más duras en la región lograron cerrar herméticamente nuestras fronteras; y sin embargo, hay gente “más papista que el Papa”, gente más represora que los golpistas, gente más dictadora que los mismos dictadores, que gusta de aplicar el rigor y la represión, sin entender que de llevar adelante sus planteos, nos moriríamos todos en poco tiempo, y no a causa de un virus, sino por la incapacidad de reaprovisionamiento, porque no me imagino un “cierre de fronteras” con aeropuertos y puertos abiertos, y sin embargo de ellos no dicen nada.

Un profesional y comerciante de una ciudad fronteriza, del lado brasileño, con respecto a las probabilidades de contagio en la frontera decía hace poco en un medio capitalino: “insisto que nada tiene que ver con el ciudadano que viene a hacer turismo de compras en la región”; por su parte, el presidente del Centro Comercial Regional de Chuy, Jefferson Muniz, ha sostenido en diversas oportunidades que la solución NO ES cerrar los comercios legales y establecidos, que generan mano de obra formal.

Ahora, si las autoridades de gobierno entienden que ese es el camino correcto, la población fronteriza no tiene más que aceptar o rebelarse, acatar y recibir la asistencia social estatal o incumplir y salir a buscar el pan, morir o vivir; las opciones no son muchas y cada día son menos, ya ni los propios legendarios quileros están pudiendo sobrevivir con las trabas sanitarias impuestas en las fronteras, que por otra parte de nada han servido, porque no han reducido los “índices de contagio” y sólo han coadyuvado para aumentar el estado degradado y paupérrimo que ya venían experimentando las poblaciones del interior profundo que limitan con el vecino país, Brasil.

Hoy que el tema de la integración regional y el comercio con el exterior vuelve a estar en las tapas de las noticias, bueno sería volver a discutir de qué modo ese acuerdo comercial llamado MERCOSUR puede ayudar a reducir estas desigualdades sociales y comerciales de las fronteras, que día a día enfrentan un crecimiento desmedido de multinacionales y sociedades anónimas, que se llevan el poco capital sin dejar mucho o nada a las ya pobres poblaciones fronterizas, y pensar si una política espejo u otro modo de comercialización más liberal no podría ayudar a mitigar los daños experimentados, ya no sólo por una balanza comercial desfavorable, sino que ahora también agravados por una crisis sanitaria que dejará secuelas, en algunos casos irreversibles, en gran parte de la población no capitalina.

Qué bien le haría al país dejar de mirarnos el ombligo y empezar a atender con más vehemencia las dificultades del “resto” de la patria.

Richar Enry Ferreira


terça-feira, 13 de abril de 2021

A 50 AÑOS DEL INICIO DE UN DESASTRE AMBIENTAL

El mismo permanece allí, intocado por el hombre, luego de hundirse

con 222 Toneladas de sustancias químicas


Éste próximo 13 de abril, se conmemora 50 años del encallamiento del navío “Taquarí” sobre la Piedra Negra, en el grupo de Islas de Torres, frente al Cabo Polonio, en Rocha, cargado de 222 Ton. de diversas sustancias químicas, desde Texas con destino a Buenos Aires, y hasta el día de hoy se desconoce mucho más de lo que se sabe, pero su protagonismo no se limita al día del evento, el que a pesar de no causó pérdida de vidas que lamentar, quedó marcado en la historia de una región de América del Sur por sus supuestas consecuencias ambientales posteriores.

Durante décadas, nuestros mares vienen siendo utilizados como basurero o como deposito industrial, y eso lamentablemente no nos sorprende, es ahí donde toma relevancia este hecho y las evidencias recabadas en tal sentido, analiza y cuestiona, la directa y única responsabilidad de la carga del “Taquarí”, con respecto a la crisis sanitaria y ambiental ocasionada a partir de aquel martes 13 de abril de 1978, en gran parte de Rocha, en todo el litoral de Rio Grande del Sur y probablemente hasta Sao Paulo, donde pobladores de la zona costera presentaron fuertes afecciones pulmonares y respiratoria, por la que gran parte de la fauna marina, tales como millares de mariscos, miles de peces y hasta decenas de animales de gran porte aparecían muertos en la costa, incluso mascotas domésticas murieron por el “fuerte gas” proveniente del mar, el cual no se descarta pueda haber causado incluso la muerte de algún habitante de la región costera, pero que los gobiernos de la época dieron en llamar de “marea roja”, un episodio natural sin responsabilidades para nadie.

Muchas de esas cuestiones están siendo investigadas y tratadas con la mayor seriedad y rigor, en un libro a publicar en breve, para todos aquellos lectores ávidos por historias de naufragios pero también para aquellos interesados en el estudio del medio ambiente marino de la región, a fin de que se conozcan evidencias documentales y artículos de prensa de la época que revelan elementos que hasta el día de hoy quedaron en el olvido o permanecían desconocidos.

Entre algunos aspectos se detalla: cuáles era las características técnicas del navío “Taquarí” de bandera brasileña acusado de contaminar las aguas oceánica de forma fatal, que trasladaba específicamente en sus bodegas, como una nave moderna para la época con equipamiento computarizado pudo chocar y quedar escorada frente a un Faro durante siete años a la vista de todos, como fue que la tripulación de cuarenta y tres hombres logró ser rescatada sin lesiones, que declaró la tripulación con respecto al motivo del accidente, cual fue el destino del Comandante y su tripulación, que acciones adoptó la aseguradora, que medidas adoptó la Armada Nacional frente a dicho evento y que pasos siguieron las relaciones diplomáticas de cara al rescate del navío y de su carga, así como que incidencia tuvieron las Dictaduras de la época en el Continente y cuanto influyeron las multinacionales, en expansión en la región, en el tratamiento del navío y su carga.

Como sociedad necesitamos rever estos episodios y llegar lo más cerca de la verdad que nos sea posible, debemos interesarnos en saber qué y cómo ocurrieron los hechos, para así evitar que tales desastre ecológicos, ambientales y humanos se vuelvan a reiterar, cuidando de nuestros mares, pero también de nuestras vidas y la de las futuras generaciones.

Que la memoria sea nuestra señal de alerta ante la inconsciencia de algunos, el despropósito de otros y el desinterés otros tantos.

Richar Enry Ferreira

 Webinario en YOUTUBE: "A 50 AÑOS DEL INICIO DE UN DESASTRE AMBIENTAL" 

Canal 8 de Rocha: https://www.youtube.com/watch?v=VfUQwEhJrsI
Entrevista RADIAL: https://anchor.fm/richar-enry-ferreira/episodes/Entrevista-DIFUSORA-ROCHENSE-evs9de

sexta-feira, 9 de abril de 2021

Libro: QUILEROS-Entre historias y caminos

Lanzamiento y presentación del libro QUILEROS


El presente libro, contiene una recopilación de autores fronterizos y surge como una iniciativa ciudadana, un trabajo autónomo e independiente de toda organización o institución, pública o privada, local o nacional, creado con el único objetivo de recuperar y revalorizar las historias de frontera relacionadas al contrabando de sobrevivencia, también conocido como quileo, el cual se practica en toda la región limítrofe con el vecino país, Brasil, y se remonta incluso a antes de la constitución de la patria, el cual sin embargo, no es enseñado por la educación formal, ni consta en los libros curriculares de ningún nivel educativo.

Se constituye así, este material, en un documento inédito, donde se relatan vivencias y anécdotas, donde se plasman semblanzas y se describen andanzas únicas, con decenas de imágenes y representaciones gráficas. Un libro único en su tipo, importante para la construcción de la identidad y la cultura, particular y propia de los pobladores de frontera, que aún hoy día, a costo de su propia vida, viajan para adquirir bienes de consumo o comercialización, mercaderías que traen por diversos medios y distintos caminos, de a quilo y a diario, como forma de generarse una vida medianamente digna y así sustentar a sus familias.

El mismo, ha sido realizado en el entendido de que toda la población fronteriza tiene el derecho a reconciliarse con su pasado, con orgullo y sin vergüenza, resignificando la práctica del contrabando de sobrevivencia, conociendo las historias de sus antepasados, descubriendo los modos trabajo, de vida y de quileo que hasta hoy día se practican, incluso al margen de la ley, como forma de replantear el tema a futuro, actualizado y modernizado de acuerdo al marco legal regional actual.

Quienes desconocen los verdaderos motivos que llevan a las personas a ser “Quileros”, podrán descubrir detalles de sus motivos, razones y circunstancias que llevan a las personas a realizar dicha actividad, las tácticas y estrategias utilizadas para el transporte de la mercadería del vecino país, así como las ventajas y desventajas de la vida en la frontera; pudiendo así entender mejor y de forma más cabal que, esos seres humanos son trabajadores honestos y esforzados, responsables por familias y el futuro de los suyos, que buscan superarse incluso mientras estudian y trabajan en a capital, comiendo de esos productos más baratos lejos de la frontera.

Presentación del Libro, próximo sábado 10 de abril, a las 20:00 hs. por nuestras redes sociales @RVideoMaker (canal de YouTube y página de Facebook) se llevará a cabo la presentación on-line del libro “QUILEROS”, recopilación de seis autores fronterizos del Uruguay con Brasil:

“CONTRABANDISTAS: CRÓNICAS DE CARGUEROS” - Lucio Ferreira, de 95 años de edad, habitante de Chuy, Rocha.

“LOS CIMARRONES” - Jorge Carlos Muniz, de 60 años de edad, habitante de Vergara, Treinta y Tres.

“LOS CARGUEROS DE CONTRABANDO EN EL RIO YAGUARON” - Juan Carlos Muniz, de 58 años de edad, de Rio Branco, Cerro Largo.

“JUAN MORALES: QUILEROY PADRE DE FAMILIA” – Nicolás Barboza Morales, de 29 años de edad, nacido en Fraile Muerto, Cerro Largo.

“DE ACEGUA A MELO” – Richar Enry Ferreira, de 44 años de edad, oriundo de Melo, Cerro largo.

“CONTRABANDO, PERSPECTIVAS A FUTURO” – Atilio Amoza, 43 años de edad, de Tacuarembó.

NO SE LO PIERDA, ésta es una oportunidad única para saber y conocer más de una realidad que los libros de educación formal no cuentan, pero de la que los habitantes de la frontera nos sentimos

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Richar Enry Ferreira

domingo, 28 de março de 2021

NAUFRAGIO DEL TAQUARÍ - verdades y mentiras de la marea roja

Hace 43 años nuestra región sufría una de las mayores catástrofes ambientales de la época moderna.


Al acercarse las personas a la costa, eran invadidas por un fuerte olor y sufrían intensos ataques de tos, lagrimeaban y se les cerraban las vías respiratorias superiores; animales domésticos morían por toda la zona costera, cientos 
de ejemplares de la fauna marina surgían ya sin vida de las aguas del Océano, y las autoridades de la época daban en llamar a ese fenómeno “MAREA ROJA”. Teniendo como epicentro al Balneario brasileño Hermenegildo, y afectando con menor intensidad a los demás balnearios de la región, amanecía aquel viernes 31 de marzo del 1978 que quedaría en la memoria de muchos hasta el día de hoy.

Aunque los pobladores no dudaron en expresar su preocupación por el evento y buscaban ayuda en el Puesto de Salud de la Santa Casa -en el Municipio de Santa Vitoria do Palmar-, las autoridades locales demoraron cuatro días en reaccionar y pedir la colaboración del poder estadual y federal. Recién el 14 de abril siguiente se hacían presentes en la región el Ministro de Salud, el Secretario Especial de Medio Ambiente de Brasil, el Secretario de Salud de Rio Grande do Sul y diversos técnicos; intentando calmar los ánimos de la comunidad, el gobierno dictatorial brasileño de la época no demoró en expresar que sólo se trataba de un evento natural periódico conocido por todos como “marea roja”, hipótesis que el gobierno uruguayo -también de facto- fue conteste en respaldar, aun sin tener pruebas científicas para sostener su argumento: los unos, por miedo a levantamientos sociales internos -se acercaba la fecha de aniversario de la Dictadura Militar-, y los otros, por la proximidad de la Semana Santa o de Turismo, que representaba el 40% del Producto Bruto Interno del país.

El evento permanecía, crecía y se expandía. Aquel fuerte olor a “malatol” como decía el Profesor Homero Suaya Vasques en agosto de 2017, pocos días después se empezó a percibir 80 km. al sur; y 200 km. al norte, pescadores de Mostarda, Tramandaí y hasta Arroio do Silva sentían el olor y sufrían las consecuencias adversas en la pesca. Por precaución, las autoridades de la época no dudaron en determinar la prohibición de consumo y comercialización de mariscos y productos del mar; el sector industrial de la pesca resultó así notoriamente afectado, y su paralización ahondó la conflictividad social en el Estado.

Ahora, si en realidad era “marea roja” como había dictaminado las autoridades, ¿era posible que la simple mortandad de microorganismos, que causan la decoloración de las aguas y producen un olor nauseabundo, fuese de tal magnitud que provocara la muerte a miles de mariscos, miles de peces, lobos marinos, focas y hasta de animales domésticos de los pobladores, tales como perros, gatos, gallinas o caballos? No existían ni existen hasta el día de hoy pruebas científicas de un efecto fatal de tales magnitudes a causa de una “marea roja”.

Los medios de la época y algunos actores vinculados al mundo del mar, inmediatamente relacionaron el hecho al naufragio del navío “Taquarí” en las costas del Uruguay, más exactamente en Rocha, frente al Cabo Polonio (en el grupo de Islas de Torres, sobre la Piedra Negra, a 8 millas del Faro), ocurrido cuando amanecía el martes 13 de abril de 1971, mientras el buque se dirigía de Houston a Buenos Aires; esta vinculación se justificaba por el desconocimiento real de qué contenía en su carga, y las mil hipótesis que se tejían al respecto. Lo cierto es que hoy día, con el informe oficial de la carga en nuestra manos y luego de consultados diversos técnicos, ninguno considera posible afirmar terminantemente que fuera esa la causa de dicha catástrofe ambiental; y a pesar de que fuera encontrado isiotiosianato de metilo en el agua -en una prueba realizada de forma independiente por parte del Centro de Estudios Toxicológicos de Pelotas, contra la voluntad de las autoridades de la época-, lo cual coincide parcialmente con la carga del “Taquarí” (7 toneladas de la sustancia), ello no resulta conclusivo para imputar al navío como único culpable de aquella desgracia.

En el transcurso de la investigación, como en todo trabajo de seguimiento, pesquisa y cruzamiento de información que pudiera arrojar más luz a los hechos, fue revelada la presencia de algunos otros navíos, incluso de banderas extranjeras, que surcaron las mismas costas por la época, trasladando altas cantidades de productos tóxicos. Resulta difícil -casi imposible- hoy, medio siglo después, poder determinar específicamente qué tipo de sustancias éstos habrían podido volcar al mar; y peor aún, los responsables de tal crimen ambiental están actualmente casi todos extintos. Sólo nos resta descubrir, conocer y aprender de estas malas experiencias, para que la irresponsabilidad con el ecosistema, con el medio ambiente marino y con la ecología en general, sean capitulo pasado y nunca más se vuelvan a repetir actos de lesa humanidad de esas características; porque no adelanta pensar en dejarles riquezas a nuestros hijos, si el planeta en que habitan es inhabitable.

Richar Enry Ferreira