Desde la historia de los tiempos y hasta la actualidad, hemos convivido con la idea de que un gobierno, timón del Estado, el que todos integramos y al que sedemos nuestra libertades y derechos, es mejor administrado, manejado y dirigido por personas con determinada capacidad superior, y por eso el 95% de los Presidentes o integrantes de los Colegiados eran personas de élite social, por eso hoy volvemos a tener cuatro (4) candidatos a la presidencia doctores, dos de ellos hijos de expresidentes.
Seguimos reproduciendo esquemas y sistema de dominación del período artiguista, sus ideales no sirvieron de nada, más que para ser invocados por todos los políticos de izquierda para imponerse en el poder; “MI PODER EMANA DE VOSOTROS” no mi poder debe ser respetado por ustedes, “Y ELLA CESA ANTE VUESTRA PRESCENCIA SOBERANA” no vuestro derecho cesa ante mi presencia como soberano. Haber enfrentado a latifundistas, doctores, aristócratas y militares funcionales a intereses de la corona española, del imperio portugues, británico o de la ambición porteña, por lo visto no fueron suficientes para enseñarnos que somos capaces de resolver, decidir y hacer por nosotros mismos –eso ningún “artiguista” lo dijo, lo dice ni lo dirá, porque es mejor usar el carisma y la simbiosis natural que tenía Artigas para captar votantes para su ascenso al poder-, aunque sea “CON PERROS CIMARRONES”.
Nos han hecho el cuento que la vida entera que el sistema democrático es la panacea de la vida, que en el podemos todos ser libres, encontrar la verdadera justicia y que las leyes las haríamos nosotros mismos por medio de nuestros representantes. Es más, en ese entendido, alguna vez se llego a plantear la posibilidad remota de llegar a tener algún día un Representante Legislativo de la clase trabajadora policial -lo cual no es tan alocado-, pensando en treinta mil funcionarios y tres o cuatro votantes por familia, serían unos cien mil votos, más que suficientes para llegar a una Banca, PERO DE QUE FORMA? PARA QUE? QUIEN?
DE QUE FORMA, si hace casi diez años contamos con la posibilidad de organizarnos, agruparnos y trabajar con nuestro compañeros para cambiar las situaciones desfavorables que nos rodean y no hemos podido ni siquiera lograr hacer entender a nuestros iguales que son una clase de trabajador explotado, que los Policías podemos y debemos estar mejor, porque de nosotros depende el orden de un país; ese orden que los poderosos tanto necesitan para hacer de las suyas a costillas nuestras, de nuestras familias y amigos, y ni así llegamos a superar el 30% de afiliados, no tomamos una medida seria en reclamo de algo tan justo como nuestro salario, la ley orgánica o el régimen de sanciones de forma que se hiciera sentir el efecto en los grupos de poder, no existen cien dirigentes sindicales que puedan reunirse a discutir y debatir sobre temas profundos y de peso para la historia de la Policías, como profesión, porque están para la “chiquita”, para su “currito” y algún “chusmero” más.
PARA QUE, si desde donde estamos no nos hemos creído lo suficientemente valiosos, fuertes e importantes como para revertir nuestra realidades sociales, económicas y laborales. Las organizaciones sociales y sindicales, se constituyen en grupos de poder, en acción y presión, en la medida en que responden a las necesidades de las personas que se agrupan en ellas, y en función de ello actúan sobre los responsables de los órganos de decisión y se anteponen a las organizaciones que le asedian; entonces la pregunta es: que tanto hemos respondido a las inquietudes de nuestros compañeros integrantes de las organizaciones que representamos o integramos? De que forma y cuanto se expresan ellas por medio de los mecanismo establecidos para plantear sus aspiraciones o necesidades? como vamos a presionar, a quien vamos a coaccionar para que resuelva o haga algo en beneficio de nuestro representados si nuestra correlación de fuerza esta limitada a la conciencia de nuestros compañeros Policías y su capacidad de expresarse? Como grupo humano, los Policías, en su mayoría, no han podido romper con las estructuras conservadoras, humillantes y degradantes que dieron origen a nuestra institución, y no va a existir ley, ni persona capaz de hacer por nosotros lo que nosotros mismo no hemos sido capaces de hacer en casi diez años; entonces, no serviría de nada poder contar con alguien ejerciendo nuestra representación política en los órganos de gobierno, si no tenemos la capacidad de expresarnos libremente con nuestro igual si este no tiene un grado superior en nuestra jerarquía laboral, y si así fuere, lo haríamos con inferioridad personal porque creemos al otro un ser superior a nosotros, porque lo consideramos más digno que nosotros para ocupar ese lugar de representación, cuando lo que tiene en verdad es más responsabilidad y trabajo que realizar en representación de todos nosotros.
QUIEN LO PODRÍA HACER, si no confiamos en nadie, ni en nosotros mismos, dudamos de nuestras propias capacidades para llevar adelante otra labor distinta a la que estamos acostumbrados a realizar y la cual hacemos porque alguien nos dijo que se hacía así –a veces sin saber si eso es correcto, legal o bueno para nosotros mismos- o sino porque alguien nos ordenó, pero difícilmente encontremos un Policía llevando adelante una decisión propia, no instruida con anterioridad u ordenada por algún “mando” jerárquico superior; desconfiamos de todo el mundo, nuestro trabajo diario es dudar, del que denuncia, del que declara, etc. etc, y eso lo hemos internalizado tanto que dudamos no solo de nosotros mismos y de nuestros deseos, palpites o sentimientos, que es imposible hablar con alguien sin pasar sus actos, dichos o gestos, por el “cernidor” o filtro de la duda, de esa forma nos hemos vuelto seres tensos, activos y en vigilancia permanente pero con ello estresados, inseguros y temerosos, de nosotros mismos y de nuestros iguales; entonces, no existe persona alguna digna de nuestra confianza como para ser nuestro delegado sindical, nuestro dirigente de estima y mucho menos, nuestro Representante Legislativo, ya que la idea que subyace en todos acaba siendo la misma de siempre: como voy a darle la posibilidad a alguien de que se imponga sobre todos sus iguales, se considere superior resuelva y haga lo que crea adecuado sin consultarme a mi, sin importar lo que necesito, quiero o deseo para mi o mi grupo familiar o de trabajo, pero si me llego a creer que un Doctor lo puede hacer mejor, a pesar de que nunca vistió este uniforme, ni gana el salario que yo gano, o vive las condiciones en que yo vivo.
YA VA SIENDO HORA DE QUE EMPECEMOS A CONFIAR EN NOSOTROS MISMOS, EN NUESTROS IGUALES Y EN LAS ORGANIZACIONES QUE DECIDIMOS INTEGRAR, NOSOTROS SOMOS CAPACES, NUESTRAS ORGANIZACIONES PUEDEN LOGRAR MÁS DE LO QUE CREEMOS, SOLO BASTA CREER QUE NINGÚN “OTRO” VA A SABER Y ENTENDER MEJOR NUESTRAS REALIDADES QUE QUIENES A DIARIO DAMOS PELEA JUNTOS.
Quienes me conocen saben que yo voto nulo, saben que creo en las organizaciones sociales más que en los partidos políticos, y menos en aquellos que consagran a seres humanos falibles e imperfecto por encima de los principios morales, ideales básicos, y consignas resueltas por el conjunto del colectivo.
Abrazos y gracias por tomarte este tiempo para leer mis disparates expresados aquí, saludos.
Richar Ferreira
Seguimos reproduciendo esquemas y sistema de dominación del período artiguista, sus ideales no sirvieron de nada, más que para ser invocados por todos los políticos de izquierda para imponerse en el poder; “MI PODER EMANA DE VOSOTROS” no mi poder debe ser respetado por ustedes, “Y ELLA CESA ANTE VUESTRA PRESCENCIA SOBERANA” no vuestro derecho cesa ante mi presencia como soberano. Haber enfrentado a latifundistas, doctores, aristócratas y militares funcionales a intereses de la corona española, del imperio portugues, británico o de la ambición porteña, por lo visto no fueron suficientes para enseñarnos que somos capaces de resolver, decidir y hacer por nosotros mismos –eso ningún “artiguista” lo dijo, lo dice ni lo dirá, porque es mejor usar el carisma y la simbiosis natural que tenía Artigas para captar votantes para su ascenso al poder-, aunque sea “CON PERROS CIMARRONES”.
Nos han hecho el cuento que la vida entera que el sistema democrático es la panacea de la vida, que en el podemos todos ser libres, encontrar la verdadera justicia y que las leyes las haríamos nosotros mismos por medio de nuestros representantes. Es más, en ese entendido, alguna vez se llego a plantear la posibilidad remota de llegar a tener algún día un Representante Legislativo de la clase trabajadora policial -lo cual no es tan alocado-, pensando en treinta mil funcionarios y tres o cuatro votantes por familia, serían unos cien mil votos, más que suficientes para llegar a una Banca, PERO DE QUE FORMA? PARA QUE? QUIEN?
DE QUE FORMA, si hace casi diez años contamos con la posibilidad de organizarnos, agruparnos y trabajar con nuestro compañeros para cambiar las situaciones desfavorables que nos rodean y no hemos podido ni siquiera lograr hacer entender a nuestros iguales que son una clase de trabajador explotado, que los Policías podemos y debemos estar mejor, porque de nosotros depende el orden de un país; ese orden que los poderosos tanto necesitan para hacer de las suyas a costillas nuestras, de nuestras familias y amigos, y ni así llegamos a superar el 30% de afiliados, no tomamos una medida seria en reclamo de algo tan justo como nuestro salario, la ley orgánica o el régimen de sanciones de forma que se hiciera sentir el efecto en los grupos de poder, no existen cien dirigentes sindicales que puedan reunirse a discutir y debatir sobre temas profundos y de peso para la historia de la Policías, como profesión, porque están para la “chiquita”, para su “currito” y algún “chusmero” más.
PARA QUE, si desde donde estamos no nos hemos creído lo suficientemente valiosos, fuertes e importantes como para revertir nuestra realidades sociales, económicas y laborales. Las organizaciones sociales y sindicales, se constituyen en grupos de poder, en acción y presión, en la medida en que responden a las necesidades de las personas que se agrupan en ellas, y en función de ello actúan sobre los responsables de los órganos de decisión y se anteponen a las organizaciones que le asedian; entonces la pregunta es: que tanto hemos respondido a las inquietudes de nuestros compañeros integrantes de las organizaciones que representamos o integramos? De que forma y cuanto se expresan ellas por medio de los mecanismo establecidos para plantear sus aspiraciones o necesidades? como vamos a presionar, a quien vamos a coaccionar para que resuelva o haga algo en beneficio de nuestro representados si nuestra correlación de fuerza esta limitada a la conciencia de nuestros compañeros Policías y su capacidad de expresarse? Como grupo humano, los Policías, en su mayoría, no han podido romper con las estructuras conservadoras, humillantes y degradantes que dieron origen a nuestra institución, y no va a existir ley, ni persona capaz de hacer por nosotros lo que nosotros mismo no hemos sido capaces de hacer en casi diez años; entonces, no serviría de nada poder contar con alguien ejerciendo nuestra representación política en los órganos de gobierno, si no tenemos la capacidad de expresarnos libremente con nuestro igual si este no tiene un grado superior en nuestra jerarquía laboral, y si así fuere, lo haríamos con inferioridad personal porque creemos al otro un ser superior a nosotros, porque lo consideramos más digno que nosotros para ocupar ese lugar de representación, cuando lo que tiene en verdad es más responsabilidad y trabajo que realizar en representación de todos nosotros.
QUIEN LO PODRÍA HACER, si no confiamos en nadie, ni en nosotros mismos, dudamos de nuestras propias capacidades para llevar adelante otra labor distinta a la que estamos acostumbrados a realizar y la cual hacemos porque alguien nos dijo que se hacía así –a veces sin saber si eso es correcto, legal o bueno para nosotros mismos- o sino porque alguien nos ordenó, pero difícilmente encontremos un Policía llevando adelante una decisión propia, no instruida con anterioridad u ordenada por algún “mando” jerárquico superior; desconfiamos de todo el mundo, nuestro trabajo diario es dudar, del que denuncia, del que declara, etc. etc, y eso lo hemos internalizado tanto que dudamos no solo de nosotros mismos y de nuestros deseos, palpites o sentimientos, que es imposible hablar con alguien sin pasar sus actos, dichos o gestos, por el “cernidor” o filtro de la duda, de esa forma nos hemos vuelto seres tensos, activos y en vigilancia permanente pero con ello estresados, inseguros y temerosos, de nosotros mismos y de nuestros iguales; entonces, no existe persona alguna digna de nuestra confianza como para ser nuestro delegado sindical, nuestro dirigente de estima y mucho menos, nuestro Representante Legislativo, ya que la idea que subyace en todos acaba siendo la misma de siempre: como voy a darle la posibilidad a alguien de que se imponga sobre todos sus iguales, se considere superior resuelva y haga lo que crea adecuado sin consultarme a mi, sin importar lo que necesito, quiero o deseo para mi o mi grupo familiar o de trabajo, pero si me llego a creer que un Doctor lo puede hacer mejor, a pesar de que nunca vistió este uniforme, ni gana el salario que yo gano, o vive las condiciones en que yo vivo.
YA VA SIENDO HORA DE QUE EMPECEMOS A CONFIAR EN NOSOTROS MISMOS, EN NUESTROS IGUALES Y EN LAS ORGANIZACIONES QUE DECIDIMOS INTEGRAR, NOSOTROS SOMOS CAPACES, NUESTRAS ORGANIZACIONES PUEDEN LOGRAR MÁS DE LO QUE CREEMOS, SOLO BASTA CREER QUE NINGÚN “OTRO” VA A SABER Y ENTENDER MEJOR NUESTRAS REALIDADES QUE QUIENES A DIARIO DAMOS PELEA JUNTOS.
Quienes me conocen saben que yo voto nulo, saben que creo en las organizaciones sociales más que en los partidos políticos, y menos en aquellos que consagran a seres humanos falibles e imperfecto por encima de los principios morales, ideales básicos, y consignas resueltas por el conjunto del colectivo.
Abrazos y gracias por tomarte este tiempo para leer mis disparates expresados aquí, saludos.
Richar Ferreira
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